
Parte 1: El Despertar y el Sobresalto
Me llamo Octavio Rosas, y para el mundo, soy un simple estudiante de la Politécnica de W*zer, viviendo de una beca en un departamento diminuto cerca del bullicio de la CDMX. Mi vida era un constante intento de orden en medio del caos: las ecuaciones, los libros de física, la rutina predecible. Lo mundano, lo seguro. Nunca fui el tipo que buscaba las grandes historias, aunque mi mente, dicen, es diferente. Veo conexiones donde otros solo ven desorden. Pero incluso mi burbuja de lógica se reventó esa mañana.
Me desperté con la cabeza palpitando, un castigo brutal por las copas de anoche con mi compadre, Drren. Aún medio vestido, revolví mis bolsillos: 35 glders y 10 coronas. Un estudiante modelo, sí. ¡Veintidós g*lders y tres coronas gastados en el antro! Me desplomé en la cama, buscando refugio en el sueño, pero un golpe seco en la puerta me interrumpió.
“Octavio Rsas Alln, ¿verdad?” preguntó un cartero uniformado. La sensación de alivio me inundó: no era Drren, ni su novia, Crsty, la que me cortaría las orejas. Pero el alivio se congeló al ver el sobre: tenía el sello del Gobierno. Un pozo se abrió en mi estómago. Firmé, sin leer, la ansiedad pegada a mis dedos. El cartero se fue, y yo me quedé mirando el papel. No era de la Politécnica, gracias a D*os. Una borrachera no era causa de expulsión, no en esta universidad.
Abrí el sobre con manos temblorosas. Dentro, una sola hoja: “AVISO DE HERENCIA”.
Leí en voz alta, el corazón golpeándome las costillas: “Persona fallecida: Kellen Str Rsas Alln III. Beneficiarios: Otavio Rsas Aln y Klla Frmos.”
Tuve que frotarme los ojos. ¿Kllen Str? ¿Klla Frmos? Nombres raros, de otra época, de otra región. Yo casi no conocía a mi familia, ¿quién era esta gente? Pero lo que me hizo jadear fue el siguiente párrafo:
Otavio Rsas Al*n:
-
17 Rs de tierra en el Distrito de Ác*er (Designación 16/25).
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20,520 g*lders en activos líquidos.
Veinte mil pesos… ¡20,000 p*sos! Nunca, jamás, imaginé algo así. ¿17 Rs de tierra? ¿Y en el Distrito de Ácer? Mi mente, aún nublada por la resaca, hizo la conexión con la clase de Historia de ayer: Ácer era un antiguo punto de comercio en la ‘Tierra de Nadie’, la frontera despoblada y desolada entre las Repúblicas Humanas y las Tierras Élficas. Una cáscara de lo que fue.
Me levanté. Necesitaba confirmar si era un sueño o una broma de muy mal gusto. Tomé mi portafolio y salí. El primer destino fue el banco. Nervioso, despeinado, le pedí a la cajera revisar mi saldo. Ella sonrió, educada. “Señor Rsas Aln, su saldo actual es de 20,523 g*lders y 56 coronas.”
¡No era un scam! Era real. Por primera vez en mi vida, tenía una fortuna. Pedí retirar mi límite semanal, 1,000 g*lders, y firmé, sintiendo un nudo en el estómago que no era de alcohol, sino de pura ansiedad.
Con el dinero en mano, y la carta arrugada, mi siguiente parada fue la biblioteca de la Politécnica. Necesitaba un mapa. Necesitaba saber qué demonios era el Distrito de Ác*er y qué hacía yo en esa herencia.
Parte 2: El Camino a la Incertidumbre
Dejé la biblioteca con el mapa y la ubicación grabados en mi mente. La tierra estaba muy lejos. Ác*er era, de hecho, un páramo histórico, un nombre olvidado que solo sobrevivía en los libros de texto aburridos. Estaba a días de viaje en tren, seguido por un trayecto incierto en carreta, si es que la poca infraestructura seguía funcionando.
El primer acto de mi nueva vida fue la deserción. Escribí una nota rápida para mi tutor, alegando una “emergencia familiar grave” en el campo. Dejé el departamento, sintiendo una mezcla de culpa y adrenalina. La vida predecible que tanto valoraba se había desmoronado, pero el caos traía consigo 20,000 p*sos y una pregunta: ¿Por qué yo?
Me dirigí a la estación de tren, el sobre arrugado y el dinero escondido cerca del corazón. El olor a carbón y aceite me golpeó. Compré mi boleto para la estación terminal, la más cercana al Río L*idus, el límite de lo que considerábamos civilización.
Durante el viaje, no podía dejar de repasar la carta. Klla Frmos. Ella heredó incluso un poco más de dinero y, lo más intrigante, la “Biblioteca Rsas Alln”. Un nombre que sugería historia, saber, algo más profundo que un simple montón de ladrillos.
Al tercer día, llegamos al límite. La estación era un pueblo pequeño y polvoriento, habitado por gente dura y cansada. Aquí, la autoridad del Gobierno Central se sentía lejana y la gente vivía bajo reglas no escritas. El paisaje se había vuelto desolador, árido, casi intimidante.
Necesitaba un carruaje y un guía. Un anciano, Don Lpe, con una barba blanca y ojos que lo habían visto todo, aceptó llevarme por una cantidad exorbitante. “Nadie va a Ácer si no es a buscar problemas, mijo,” me dijo, su voz áspera como la arena.
—No voy a buscar problemas, Don L*pe, voy a ver mi herencia —respondí, sintiendo mi voz ridículamente joven y académica en ese entorno.
—Allá la herencia es más bien una maldición. Elfos, duendes, y la tierra misma no quiere que te quedes. Por eso la llaman la Tierra de Nadie —sentenció, antes de escupir a un lado.
El camino fue peor de lo que imaginé. La carreta se sacudía, y el polvo lo cubría todo. La tierra se sentía extraña, más vieja, y el aire era pesado. Tras dos días más de viaje infernal, Don L*pe se detuvo en un campo desolado, cerca de lo que parecían ser ruinas antiguas de piedra.
—Aquí. Designación 16/25. Tu tierra empieza justo donde esa muralla se cae a pedazos —me dijo.
Vi una estructura en la distancia, más allá de la muralla derrumbada. Una casa. O lo que quedaba de ella. Había algo más. Un cobertizo, un pequeño establo… y una figura.
Mi corazón dio un vuelco. No estaba solo.
Parte 3: El Encuentro y la Verdad Prohibida
Al acercarme, la figura se hizo más clara. Una mujer joven. Estaba descargando madera de un carro rústico, vestida con ropa práctica, sucia, pero con una gracia inesperada. Su cabello negro azabache estaba atado y sus movimientos eran decididos, fuertes. Ella era Klla Frmos.
Al verme, se detuvo y me miró fijamente. Sus ojos eran fríos, cautelosos. Había en ella una aspereza de quien ha tenido que luchar.
—¿Quién eres tú? —preguntó ella, sin rodeos, con una voz baja y tensa.
—Soy Octavio Rsas. Soy… el otro beneficiario. Tú eres Klla, ¿verdad?
Ella sonrió, pero era una sonrisa sin alegría. —El pequeño genio de la capital. Kllen Str siempre hablaba de ti. Sí, soy K*lla. Soy tu media hermana.
El mundo se detuvo. ¿Media hermana? Toda mi vida, creí ser hijo único. Kllen Str, el abuelo desconocido, era el eslabón, el secreto de mi padre. El orden de mi vida se deshizo por completo.
—¿Media hermana? Pero…
—No te molestes. Hay mucho que no sabes. Él fue un Rsas Alln de la Vieja Guardia, un renegado que se casó con mi madre aquí, en la frontera. Los “Rosalen” eran una rama de la familia, Octavio. —K*lla me estudió con desdén—. Eres idéntico a tu padre.
—¿Y la herencia? ¿Por qué estamos aquí?
—La herencia es un anzuelo. El viejo no quería que el dinero se fuera, pero el motivo real es esto. —Ella señaló la casa, una estructura de piedra desgastada. Dentro, en el centro del salón principal, no había muebles de lujo, sino estanterías que iban del suelo al techo, abarrotadas de pergaminos, códices y libros centenarios. Era la Biblioteca Rsas Alln.
—¿Qué es esto? —pregunté, sintiendo la fascinación de mi lado científico.
—Ciencia. Pero no la aburrida física de la capital. Es Ciencia Mágica. El abuelo pasó su vida documentando el origen de la esencia, la energía que usan los elfos. Trató de encontrar una forma de que los humanos, sin esencia natural, pudieran manipular la Magia. La Biblioteca está llena de conocimiento prohibido y peligroso.
De repente, recordé mi conversación con D*rren. Mi aversión inexplicable a la magia, la misma que había bloqueado por trauma. Mi abuelo estaba obsesionado con lo que yo más repudiaba.
—¿Y tú por qué te quedaste? ¿Por qué no tomaste tu dinero y te fuiste?
K*lla se enderezó, sus ojos oscuros brillaron con una determinación fría.
—Porque el conocimiento es poder. Y porque hay algo más. El abuelo K*llen dejó un último trabajo. Una teoría, apoyada en el… “Sistema Cuántico” que tú tanto estudias. Él creía que el punto de convergencia de la realidad, donde la física se rompe, es la clave para la esencia. El último volumen está aquí. Y lo quiere todo el mundo.
Ella me tendió un papel. Era un mapa antiguo. En el centro, marcado con una X, estaba el punto exacto de mi tierra. Debajo, un mensaje codificado: “La respuesta a la Magia está en la Antipartícula del Miedo.”
Parte 4: La Decisión y el Destino Abierto
El aire se había cargado de tensión. La herencia no era un regalo, sino una carga explosiva. Dinero, una media hermana hostil, y un legado de investigación mágica que desafiaba todas las leyes de la física que yo conocía.
Mi Clímax Emocional:
Sentí el miedo helado y la vieja aversión a la magia. Este era el “caos” que siempre había tratado de evitar. Pero la lógica que me definía no me permitía huir. El abuelo había mencionado el “Sistema Cuántico”, la única rama de la física que yo mismo reconocía como inexplicable. La necesidad de encontrar orden en ese caos fue más fuerte que mi instinto de supervivencia.
—Bien —dije, cerrando el mapa y guardándolo—. El abuelo nos dejó un problema, no una fortuna. El dinero nos da tiempo, pero este conocimiento es lo que realmente importa.
K*lla me miró con una pizca de respeto, su guardia bajando un poco.
—Siempre creí que K*llen te había sobreestimado. Pensé que huirías.
—Soy un Rsas Alln, K*lla. También soy un científico. Y no me gusta dejar un misterio sin resolver. —Hice la única promesa que podía cumplir—. Me quedaré. Usaremos el dinero para mejorar la casa y traer lo necesario, pero no lo malgastaremos. El secreto está en esa biblioteca.
Resolución / Nuevo Camino:
Esa noche, bajo el cielo estrellado de Ácer, cenamos en silencio. Klla, a regañadientes, me dio algo de información. Me advirtió que no se fiaba de mí y que no sería amable, pero que podíamos ser útiles el uno para el otro: yo, el físico de la capital, y ella, la guardiana de la frontera.
Octavio R*sas, el estudiante que buscaba el orden, había muerto en el camino. Ahora era el heredero del caos.
El último volumen de la biblioteca estaba escondido. Y según K*lla, otros ya lo estaban buscando. Gente que no quería que un humano encontrara la clave de la Magia.
Mi vida ya no era la de la CDMX. Ahora era sobre la Antipartícula del Miedo, la extraña conexión entre la física y la magia, y la supervivencia en la Tierra de Nadie.