Mi madre vendió mi única salida de la pobreza para seguir apostando, sin saber que yo era una leyenda anónima de los e-sports a punto de ganar millones.
—¡Mamá! ¿Dónde está mi computadora? ¡Dime que no la llevaste al empeño otra vez! Sentí un hueco en el estómago al ver el escritorio vacío. Solo quedaban…
“Me advirtieron que me iba a destrozar la mano, pero mis turnos en urgencias me enseñaron a ver lo que nadie más vio en sus ojos…”
—No la toques, te va a destrozar la mano. Esa fue la única bienvenida que recibí. Ni un “buenas tardes”, ni una sonrisa. El encargado del refugio…